Dolores de crecimiento

A veces me salen frutos de ciruela, que percibo por encima de mi piel. Dos veces he ido al médico, asustada por el tamaño descomunal de las protuberancias que me crecían a la altura de mi ombligo. Las dos veces, los frutos desaparecieron, podridos quizá dentro de mí, o comidos por los pájaros que me visitan en sueños. Por María Alejandra Acosta. Continúa leyendo Dolores de crecimiento

Con cédula

Una vez fui a una fiesta a la que nos invitaron a una amiga y a mí dos tipos que conocimos el fin de semana anterior en otra fiesta a la que fuimos solas: ella conmigo y yo con ella. La fiesta era en una casa y con mi amiga quedamos en encontrarnos cerca, como a las 9:30 pm. Yo vivía lejos, y siempre que teníamos un plan como ese, me quedaba en su casa. Esa noche la llamé un poco antes. Por María Alejandra Acosta Continúa leyendo Con cédula

El “Efecto Bogotá”

Bogotá me enseñó a estar conmigo. Y esto puede ser una abstracción muy absurda, pero aprendí a distraerme sin dejar de usar mis cinco sentidos, todos puestos en la calle. Yo podía ir pensando en San Felipe y en lo lindo que sería haberle visto la pupila dilatada, mientras miraba con mis ojos miopes el asfalto levantado. Por María Alejandra Acosta. Continúa leyendo El “Efecto Bogotá”

Los nombres con que te nombro

Desde que lo empecé a leer tuve la sensación de estar en un lugar que no había visitado antes. El lugar del miedo. Y del amor miedoso. De morir, de ser descubierto, de ser encontrado, de ser desaparecido. En él, el uruguayo narraba una serie de historias de las dictaduras del Cono Sur en las que amigos y conocidos suyos sobrevivían (o no) gracias (o a pesar) del amor. Continúa leyendo Los nombres con que te nombro