Sueño perdida

Texto por María Alejandra Acosta J

Collage de Danilo Guio, (aquí pueden ver más)

Hoy, cuando abrí los ojos, supe que algo había sucedido. Últimamente tengo unos sueños muy extraños y escribo esto con la intención de comprender lo que me está pasando. Durante toda mi vida, mis sueños ocurrieron -¿cómo decirlo?- en un mismo universo, si lo ponemos en términos de espacio. De hecho, en esos sueños que tuve hasta hace un mes, el lugar donde ocurrieron era el mismo. Es difícil de explicar porque los sueños no ocurren en un “sitio”, pero para ilustrarlo mejor, mis sueños siempre acontecían en un mismo “país”, de hecho, casi que en una misma “ciudad”.

La ciudad de mis sueños tiene una bodega gigante, bordeada por un ferrocarril por donde algunas veces ha pasado un tren, y ese lugar se encuentra lejos de la que es mi casa de los sueños. Los colores del paisaje de mis sueños hasta hace un mes eran entre sepia y rojizos, como de película vieja, y muchas veces en blanco y negro. Las personas de mis sueños eran mitad conocidas, mitad desconocidas, y algunas veces, híbridos de personas que conozco. Hasta aquí, todo bien, todo okay, como dicen en Lisboa. Siempre los mismos escenarios, los mismos paisajes, y diría que hasta la misma época (excepto por ese sueño en el que me perseguían libélulas gigantes, y luego llegaba a un coliseo romano después de haber huido de unos ogros por unas escaleras en espiral).

Sin embargo, de un mes para acá mis sueños han cambiado un poco. Los he tenido en colores vivos y eso nunca me había pasado. En verdes brillantes y rojos escarlata. Sueño con personas con las que nunca había soñado, y su luminosidad me confunde. No sé en qué lugar estoy ahora mientras duermo. No es el lugar que queda cerca de mi casa, no es la ciudad nocturna que habitaba mientras dormía. No sé dónde estoy ahora. No he visto mucha televisión, y como sea, es mucha menos de la que veía antes. No he leído libros de fantasía últimamente, aunque cuando leí La perra, de Pilar Quintana, tuve un par de pesadillas. La María Alejandra de mis sueños se ha ido de viaje, y ni ella sabe dónde está parada. Cuando tuve el primer sueño con estas características nuevas, pensé que sería sólo uno, como pasa muchas veces, un sueño raro entre miles. Pero ahora, después de un mes de no haber regresado al lugar de mis sueños, vagando por el universo de Morfeo, no sé qué me sucede. ¿Qué hilo habré roto en mí para que la casa de mis sueños haya desaparecido para siempre? ¿Sabré volver alguna vez?

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