Reflexiones sueltas sobre la potencialidad y los desafíos del podcast en la Historia Pública

Alejandro Morea es historiador, docente universitario y podcastero. Ilustración por Cristóbal Rojas

El pasado nunca se fue. En realidad, podríamos decir que nunca se va, que es una dimensión del presente, por lo que hablar de la vuelta de la historia a la escena pública debería hacernos ruido. Quizás los que se habían ido y ahora están volviendo sean los historiadores. Pero incluso esta afirmación puede ser engañosa.

Los historiadores se han convertido en personajes habituales de los medios de comunicación. Una porción importante de la comunidad académica ha asumido como parte de su trabajo un ida y vuelta más intenso y frecuente con las sociedades de las que son parte, que los sostienen y les permiten desarrollar su profesión. Pero no solo como expertos que son consultados en función de una agenda mediática, de fechas particulares o conmemoraciones, sino que se presentan como generadores de contenidos, iniciativas y productos o se involucran en instituciones públicas y privadas, barriales o nacionales (museos, centros culturales, radios, canales de tv, etc.), para trabajar a la par del resto de sus integrantes y ahí también desarrollar acciones donde el abordaje del pasado puede ser relevante.

Todo ésto suele ser englobado baja la categoría de Historia Pública. En la actualidad existen diferentes definiciones sobre qué es y sobre cuál es la mejor forma de practicarla o desarrollarla, pero podríamos resumirlas en una idea bien sencilla:

Historia Pública es todo aquello que hagamos los historiadores por fuera de, y para afuera de, la torre de marfil en la que muchas veces se convierten las universidades o los institutos de investigación.

A principios del siglo XXI, la tele fue el vehículo para llegar a grandes audiencias, desplazando al libro como el principal soporte elegido por los historiadores para hacer divulgación o Historia Pública. Aunque a la larga todo tuviera destino de internet, primero eran programas o documentales de tele que luego podían ser consultados o descargados en la red. Pero todo cambió con la irrupción del on demand, y la generalización de la producción de contenidos (deportivos, culturales, informativos, etc.), para ser consultados en la web y/o en redes sociales. Y si bien no desparecieron los programas para la televisión, lo cierto es que ahora estamos más atentos a producir algo para ser visto primero desde la web. En este contexto, la pregunta que se impone es si los podcasts, un producto relativamente reciente, pueden ser un artefacto cultural importante a la hora de hacer Historia Pública.

Ilustración de Cristóbal Rojas Torres

Teniendo en cuenta el espacio que vienen ganando dentro de los consumos culturales a nivel global, pero también en el ámbito latinoamericano, y sobre todo como oyente de podcasts y como productor de uno, Problemas y Debates del Siglo XIX, un podcast de Historia Argentina, me animaría a responder que sí. Pero más allá de intuiciones o pareceres, es posible encontrar datos que acompañen nuestro entusiasmo, al menos para la Argentina.  

La Encuesta sobre consumo de Podcast en Argentina, realizada en el año 2020 por Drop de Mic, arrojó como dato que el 22,7 % de los podcasts escuchados en ese año fueron de temática histórica, cifra que lo posicionó como la cuarta categoría más escuchada detrás de Cines y Series, Sociedad y Cultura, y Economía y Política. Todavía sin los datos 2021, nos sorprendería encontrar que esto ya no fuera así. Pero más allá de los números que reflejan el interés por el pasado, existen otras razones para hacer Historia Pública mediante un podcast.

A diferencia de otras opciones, y sobre todo en relación a los costos de producción de la televisión o del cine, realizar un podcast es más económico y también bastante más sencillo. Gracias a la existencia de diferentes softwares libres de edición y grabación (muy simples en sus funciones básicas), de plataformas de difusión gratuitas y al abaratamiento de micrófonos la posibilidad de grabar, editar y difundir un podcast está al alcance de la mano. En contextos de recursos escasos y tiempos exiguos, no es poco tener la posibilidad de hacer Historia Pública con cierta facilidad y costos bajos. Lo que no quiere decir que no podamos hacerlo de manera interdisciplinaria y apoyada en otros profesionales, pero es bueno tener la opción de hacerlo de manera autogestiva.

Que sea sencillo hacer un podcast no significa que para el público sea interesante escucharlo. Lo central a la hora de armar uno, como en cualquier producto de Historia Pública, es el contenido y la forma que le damos. Si las temáticas van a estar asociadas a los temas de investigación de los historiadores, la pregunta más difícil para resolver es el formato que debería asumir el podcast. No podría decir si existen respuestas correctas a la pregunta, porque los gustos de los potenciales oyentes son variados, así que todo lo que diga puede ser opinable y discutible, pero sí creo que deberíamos tener en claro algunas cuestiones que hacen al problema.

A grandes rasgos, los podcasts de temática histórica asumen tres grandes formatos: conversacionales, narrativos o de entrevistas. Y todos ellos pueden ser adecuados para nuestros objetivos, por eso lo mejor es definir ésto en función del público al que queremos llegar. Es complejo saber de antemano quiénes van a escuchar nuestro podcast, pero teniendo claro el tema o la serie de problemas que nos interesa abordar, podemos pensar en un público objetivo y luego elegir entre la conversación, la entrevista o la narración.

Pensar que todo lo que hagamos, sin importar el formato, es ATP (apto para todo público) nos puede llevar a cometer ciertos errores. Por ejemplo, si el podcast estará orientado a las novedades bibliográficas del campo, quizás la entrevista sea el formato ideal, pero deberíamos saber que es probable que nuestro podcast solo sea interesante para otros colegas o personas con un gran gusto por la historia y que estén en búsqueda de novedades y necesiten recomendaciones. Lejos están de hacer solo esto, pero un buen ejemplo de este formato es este episodio de Historiar.   

Si, por el contrario, nuestro podcast tendrá como objetivo repasar sucesos claves de la Historia en un tiempo y lugar determinado, pensando en que sus oyentes sean aficionados al pasado o interesados en aprender sobre un hecho, figura o proceso puntual, quizás el género narrativo o la conversación entre dos especialistas que recorran puntos centrales del tema en cuestión se adapte mejor que la entrevista.En ese sentido, Un poco sucio, el podcast del Centro Cultural Kirchner, es un buen ejemplo. En mi rol como podcastero, he optado por el género narrativo, pero no descarto a los demás y nada indica que un formato sea más adecuado que el otro, porque también entran en juego más variables.

Otros elementos claves para la repercusión del podcast está en la duración y la periodicidad que le queramos dar. Si hemos decidido seriar el contenido en episodios, deberemos tener cierta regularidad entre publicación y publicación, para que la demora innecesaria no atente contra la fidelización de la audiencia. Si, en cambio, cada episodio es independiente, y por lo tanto el tema se abre y se cierra en esa misma publicación, la cuestión de la duración se vuelve crucial. Si el tema es muy abierto, que dé para desarrollar muchas cuestiones, o muy puntual, que requiera muchas explicaciones previas, tenderemos a amar podcasts muy extensos que pueden terminar alejando al público.

Abordar temas que presuponemos muy conocidos nos puede llevar a construir podcasts muy cortos en los que no expliquemos lo que nos propusimos porque descontamos que todo el mundo sabe de lo que hablamos, pero puede ser que no sea así, y los que nos escucharon terminen desencantados porque el podcast no es claro ni concreto. Pero no es lo único en lo que tendremos que pensar; algunas cuestiones y tensiones que atraviesan a otras producciones de Historia Pública también estarán presentes: buenos y malos, fechas o sucesos, ficción y realidad, individuos, héroes o colectivos, etc., y las tendremos que resolver.

Para cerrar acá, aunque la reflexión general podría continuar, nos gustaría enfatizar que la cuestión artística y la factura técnica son de mucha importancia. Buenas artísticas, adecuada musicalización, calidad en la grabación, un ritmo adecuado y un tono de voz amigable pueden hacer la diferencia entre el éxito o el fracaso de nuestra iniciativa. En ese sentido, también resulta clave establecer en dónde nos vamos a colocar nosotros, si vamos a permanecer tras bambalinas escribiendo, produciendo, editando, o si le vamos a poner nuestra voz a los podcasts. Apelar a otras voces quizás haga que nuestro podcast gane en claridad explicativa, pero poner el cuerpo puede facilitar la construcción de un lazo emotivo con el oyente que termine siendo beneficioso para el proyecto, cada uno deberá evaluar los riesgos de cada decisión.

Alejandro Morea es historiador, investigador del CONICET, y docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata y de la Universidad Nacional de Quilmes, Argentina.

Todos los martes hasta agotar inventario espera un nuevo post del especial «Pasión por los podcasts». Relacionado con proyectos sonoros, te puede interesar:

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