Sin tiempo

Por Daniel Muriel.

¿Qué pasaría si el tiempo no existiera? Pensemos un lugar huérfano de afanes y libre de relojes. Sería solo el recuerdo de ayer cuando vi por última vez a mamá. Ni eso, porque ayer no existiría y el presente sería una larga tirada interminable de sucesos que ocurren al unísono. No podría diferenciar el momento en que mi mamá me abrió las puertas al mundo, ni lo que almorcé hoy al mediodía. Podría querer con la misma intensidad al amor que me exorcizó en la adolescencia y a la italiana que duerme conmigo todas las noches. Sin tiempo ni edad, sin campo para la historia, sin cabida para los humanos tristes de rencores, ni para los seres felices de emociones. Un éxtasis eterno o una depresión infinita. ¿Cómo vivir sin tiempo, solo habitando un mundo que cambia y se mantiene, que es ambiguo y estático? Hoy estaría en Colombia, pero también en Italia, y al mismo tiempo en el país que aún no conozco pero que estoy caminando bajo un sol hiriente o una nieve parsimoniosa o una lluvia desordenada. Estoy, incluso, durmiendo mientras escribo, haciendo el amor mientras recibo el diploma de bachillerato, o muriendo cuando me veo nacer. Seríamos eternidades fugaces y perpetuas. Dos caras (o siete) de la misma moneda. El ejercicio del perdón se practicaría más fácil porque se amaría odiando, se olvidaría recordando. Este planeta estaría lleno de arrepentimientos de almas que vagan buscando salir del purgatorio, pero ni eso existiría, serían muertos vivos o vivos muertos que buscan enmendar sus errores y repetir sus pilatunas. Estaría sentado en el edificio etéreo, que hace parte del pensamiento del arquitecto, estoy sobre las ideas de un hombre que piensa construir mientras levito sobre este cielo de invierno, verano, primavera y otoño. Soy el amor y el deseo que papá siente por mamá y viceversa, soy su acto de amor o de traición mientras tecleo que soy su acto de amor o de traición, y estoy con ellos leyendo este texto olvidado que nunca nadie vio pero que ahora ellos sí y se acuerdan de cómo escribí de sus amores y traiciones mientras levitaba en las ideas del arquitecto que no quiere abandonar sus planes dejando un elefante blanco y estático. Entonces, pensando así, estaría, de una vez por todas, no más que escribiendo hasta el fin de los días. Sin minutos de procrastinación, y todo sería ahora y nunca y nada. Sería lindo no condicionar la existencia y perpetuarse en el anonimato. Maldito texto, sin final, sin sentido, ni tiempo. Faltan seis horas para medianoche.   

3 comentarios en “Sin tiempo

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