Hongo alucinógeno

La experiencia única de la muerte, cuánto nos enseña de la vida,

¿Alguna vez retomamos el tema de la reencarnación? Si la materia y la energía sólo se transforman: ¿En qué “volveríamos”? Esa tarde, la idea del hongo alucinógeno superó la existencia de cualquier otro ser.  Fue en la pausa de una clase de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo, junto a un gigantesco árbol de raíces anchas que sobresalían del pavimento.

De allí nacieron otros interrogantes: ¿Volver para qué? ¿Con qué finalidad? El placer de mezclarse con otros seres; deslizarnos por sus venas; entrar en su psique; experimentar el mundo a través de sus estados alterados; o abrir las puertas de la percepción, sedujo nuestra imaginación. Ese día, fresco y nublado, hablamos también de la razón y los paradigmas: inevitable limitación de nuestro entendimiento. Comprenderlo irriga de humildad nuestra existencia.

¿Estás o ya no estás?

Resulta inimaginable saber que no volveré a verte y que tu risa se ahogará en el río turbio de los difuntos ¡El destino que inevitablemente nos espera! Lo que algún día será; que da conciencia a la existencia; y que quizá no aceptamos del todo.

Pero estás y a pesar del dolor, resulta maravilloso. Hoy rescato recuerdos de las tinieblas; entre las olas del Caribe, entre las marchas por la manigua y los viajes por desiertos, surge aquella caminata en la que el vértigo hizo flaquear tus rodillas. Cerca del lago en el Edificio de biología de la Universidad Nacional. Había una garza blanca. Tu enfermedad se manifestó ese día. Recordarlas es parte inevitable de este duelo impuesto.

Claro que duele saber que no oiré de nuevo tus pasos por la Sierra, que no tendremos un cigarro en las ruinas de Tikal, que no bailaremos con imaginarias compañías el ritmo sincopado, que no volverás a cantar ópera con vehemencia, o que no criticarás los reiterativos ensayos y libros publicados bajo perspectivas cuantitativas de éxito. Nos duele ­–¡y mucho!– que tus aptitudes intelectuales se hayan marchado.

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Pero estás y no sólo porque te recordamos. De los “tours por el quirófano” retornabas más sabio. Enseñanzas y coherencia nos dejaste. Hace poco, mientras hablábamos de la eutanasia, me dijiste con valor de niño y frente altiva que afrontarías con madurez este final que a todos espera…. Así la materia y energía sólo se transformen, resulta inevitable la muerte ¡Que valga la pena la vida!

¿Pero eso cómo se determina? ¿Quién está legitimado para juzgarlo?

¿Todo reencarnaría? ¿Seríamos conscientes de otras existencias? ¿Y el espíritu? Quizás no fluya en esa cadena de reciclaje eterna; quizá sí…  ¡En todo caso permanecen tus obras!

En este dolor atrancado, realzo tu existencia y el trabajo que hiciste por otros. Ambos permanecerán escritos en el libro de la vida. Tus cenizas servirán de abono no sólo para las plantas, sino para movimientos sociales, convivencia ambiental y políticas públicas. Una vida entregada también en beneficio de otros. El hongo alucinógeno nos espera, quizá una ceiba o las raíces de Manotas. Diste el paso más rápido que nosotros, para pasar las puertas de la vida. No sé si reencarnes, solo sé que estás vivo todavía, en las labores dejadas, en los abrazos de amigos, en el amor que diste, en la sonrisa entregada.

Te agradezco la oportunidad de asimilar lentamente tu partida y comprender que, así como te vas, nos marcharemos todos por la misma vía. Honro lo que dejaste, lo que compartiste y lo que transformaste. Espero reconocerte en el rizoma, con la conciencia tranquila de haber dejado algunas obras en esta vida, de haber gozado el eterno presente, efímero e impronunciable porque al nombrarlo se transforma en pasado.

 

 

https://www.youtube.com/results?search_query=danit+treubig+guacamayo

 

2 comentarios en “Hongo alucinógeno

  1. Lindo texto, linda banda sonora. “No sé si reencarnes, solo sé que estás vivo todavía, en las labores dejadas, en los abrazos de amigos, en el amor que diste, en la sonrisa entregada.”

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