Juan C. Herrera
Mientras escribía jurisprudencia en la tarde de un martes y escuchaba desprevenidamente tarde em Itapoã; entendí que quería viajar. Desde entonces, he visitado físicamente algunos lugares. Muchas de las cosas que han pasado después de esa tarde, me han dejado varias gigas de fotografías e innumerables lugares de la mente con información y anécdotas que espero compartir. Desde el inicio de este siglo, no sé qué es un día sin buena música ni una semana sin leer o ver imágenes en movimiento dignas de ser recordadas.
Me gusta fijar un punto imaginario en la nada o meditar una idea en las franjas que se forman a los lados de las páginas.
En tiempos en los que se quiere todo ¡YA! Aquí relato con efectos retardados.