Cosas que se me ocurren a mí

Por Ana Joaquina Pérez

Hace unos días alguien me preguntó si tenía claro lo que quería. Respondí que sí. Que algunas cosas sí y que otras, obvio, no las tenía tan claras. Supongo que eso es lo normal y que comparto ese sentir con muchas personas.

Sin embargo, la pregunta me llevó a pensar en las listas de chequeo. ¿Extraño? No. Todo lo contrario: una de las cosas que más me gusta de mi forma de ser es lo disparatada que es mi cabeza y las reflexiones que es capaz de hacer de las cosas más simples o menos convencionales.

Acto seguido, hice un experimento:

1. Busqué la definición más rápida de lo qué son las listas de chequeo:

Las listas de chequeo o checklists son formatos de control. Se crean para registrar actividades repetitivas y controlar el cumplimiento de una serie de requisitos o recolectar datos ordenadamente y de forma sistemática

Rodrigo González y Jorge Jimeno

2. Le pedí a algunos de mis amigos que me contaran qué es lo primero que se les venía a la cabeza cuando escuchaban la palabra “Lista de chequeo”.

Las respuestas de algunos de ellos fueron: listas de tareas, formatos, listas de verificación, etc. En fin, la mayoría coincide en que es una especie de control para ejecutar u obtener algún objetivo. Les comparto sus impresiones en este audio.

Lista de chequeo, por Ana Joaquina Pérez

No me pregunten por qué, pero, nunca me han gustado las listas de chequeo y no sé la razón por la que terminé por asociarlas con la idea de tener “claridad o no en las cosas que quiero”.  Uy no, y es que, para mí, ¡las listas de chequeo son odiosas!

Y precisamente lo son porque he visto cómo a muchas personas a mi alrededor las educan para que su vida sea todo un paso a seguir. De hecho, creo que a mi generación la educaron para conseguir cosas que aparentemente se consideran parte de la realización personal, humana, profesional. Todo, como si la vida estuviera supeditada a una lista de chequeo:

1. Nazco

2. Crezco

3. Me reproduzco

y…

Lastimosamente, eso es lo que nos enseñan.

Eso es lo que nos meten en la cabeza y, aún peor, en el corazón. Entonces ese pensamiento, de manera inconsciente, se ha vuelto un discurso común en la familia y la sociedad. Casi que una verdad o requerimiento colectivo, nada más apartado de la realidad. Luego vienen más listas:

1. Estudia

2. Trabaja

3. Cásate

¡Alto!

Odio las listas. Nos crean y venden la necesidad de cosas que no son importantes (al menos no tanto). Cosas que hay que detenerse y pensar. Cosas que incluso, nos alejan de lo maravilloso de surgir no apunta de requisitos por cumplir, de un crecimiento lineal, estandarizado, sino de sueños e imaginación; de pasión por lo que hacemos y de la elección de lo que nos hace felices.

La pregunta que me hicieron me condujo a ver mi vida en un “timeline”. Uno lindo donde pude recordar cómo he venido creciendo en todo: alma, mente y cuerpo; a pesar de que, a mí alrededor todo habla de “Listas de chequeo” (por ejemplo, mi familia pidiéndome esposo e hijos, casa, etc.).

Soy sincera cuando expreso que las motivaciones que me han ayudado a seguir y cumplir algunos de mis sueños, distan mucho de cumplir con requisitos o seguir patrones, porque jamás me he sentido bien con las cosas impuestas (por la sociedad, incluyendo a mi familia). Más bien, intento ser feliz y, en ese sentido, lo único que quiero es apostarle a lo que me hace sentir plena.

Quiero escribir y leer como cuando, en una cama, con mis hermanos y, por supuesto, mi papá, terminábamos la noche contando historias de animalitos del mundo o de hadas. Todo lo que se nos ocurría.

Deseo hacer siempre lo que amo. Y creo que todos deberíamos aspirar a eso porque otorga, más allá de la inspiración y felicidad, estabilidad emocional. Yo sí quiero una vida entre libros, letras, naturaleza y viajes; algo que me abrió, no los ojos, sino el alma al arte, que es la vida misma.

Me agradezco porque mi vida no ha sido producto de una “Lista de chequeo”, sino de la inspiración de un ambiente de cosas y personas que me han impulsado a ser y hacer lo que he soñado. Y, por su puesto, a mi capacidad de entender que la vida no es para nada el cumplimiento de una de esas listas.

Hoy no busco cosas o características específicas en las personas y en el ambiente. Mi forma de vivir sigue siendo sencilla; solo busco conectarme desde mis emociones, mi corazón y consciencia con lo que me rodea. Hacer siempre el bien hasta el último respiro. Superarme desde el amor y evitar al máximo caer en actuaciones egocéntricas. Sigo explorando, conociendo y, sobre todo, entendiendo que no todo conecta, aunque de todo aprendemos. Vivo obsesionada con escuchar, con ser más silenciosa cada día en mis palabras y más escandalosa en mis actos por los demás. Por lo que amo.

Me alegra saber y sentir que no he sido educada para seguir “listas”. Ni para creer que, para vivir, se necesita tener todo planificado. ¡Es absurdo!  

Sigo con la esperanza de vivir asombrada y ver cómo, en medio de la espontaneidad de los sueños, la vida se nos va dando y así es cómo tenemos algunas cosas claras (otras lógicamente no tanto).

Imagen tomada de Pixabay

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