Un día vi la sombra

Por Mista Vilteka

Siento que existe un lenguaje entre la luz y la sombra. Siento que ambas intercambian signos y planes como si por acuerdo determinaran lo visible de lo invisible. ¿Es la sombra acaso sólo la ausencia de la luz? ¿O es la luz más bien una presencia en la sombra?

Parecieran necesitarse eternamente, parecieran intercambiar entre ellas y algo esconder. Creo que hablan de la soledad o de alguna soledad. Quizás incluso de la ausencia, del ausente, de un recuerdo que no existe aún, pero que ya anticipan tras la lectura del universo; o bien, hablan de un recuerdo que ya existe y del que darán una nueva versión: el mismo personaje, diferente actor; un nuevo cuerpo, diferente actriz. 

Un día vi la sombra. La vi cuando se me acercó en un instante de sol en aquellos días cuando se levanta y ataca empujando con el manto de sus rayos los cementos y las maderas, lo vivo y lo muerto, presionando el mundo sobre el mundo mismo. La vi porque brotó de las cosas en la dirección contraria de la fuerza del sol, creando un desequilibrio, estableciendo un plano diferente con la luz: uno que, en ese instante infinito de mi mirada finita, era más próximo a mí. 

La sombra es grave y la luz, aguda.

Un día escuché la sombra. Con sus vibraciones de chelo y susurros como de quien un secreto protege. Me habló de la luz, de sus apariencias y de sus teatros, también de su dolor. Decía la sombra que la luz no quería asumir la carga de lo terminado, pues sabía que sería ella, por siempre y para siempre, el escenario en donde todo se oxida, en donde todo se derrumba y en donde todo se acaba. Habló de su cansancio y mucho de sus silencios. Habló de sus gritos.

¿La luz o la sombra? Lo mismo son.

Las cosas existen donde la luz existe.

Las cosas duermen inexistentes donde la sombra existe.

¿Son acaso la luz y la sombra apenas versiones de un sí? ¿Un otro que no sabemos qué es?

Quizás ambas viven como los vivos: aguardando y oxidándose en la degradación del olvido. Un frío infinito por llegar donde no habita ni el tiempo futuro ni ningún ayer.

Siento que existe un lenguaje entre la luz y la sombra. Siento que practican geometrías sobre los destinos configurando grietas, ventanas y abismos.

Escuadras y vaticinios.

Un día vi la sombra y la sombra me vio, arrojado en este cuerpo mío que también se acaba. Visible en mi transparencia, repicando la luz; existente por su alianza, ciego en su virtud.    

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