Acá en Moscú no ha parado de llover

No voy a escribir sobre el pasado. Deambulo por la Plaza Roja en Moscú en el día de hoy… desde ayer. No me gustan los toures guiados como me imagino que a ti tampoco te hubieran gustado. Pero me puedo estar equivocando. Me cuesta imaginarte enmelocotado de datos masivos dichos una y otra vez… preparados especialmente para causar una impresión. Hace frío y ayer hubo luna llena. Hace un mes se te pinchó la llanta. Y a mi un poco contigo. ¿Qué se siente perder la oportunidad del encuentro… el recuerdo…? Con franqueza solo puedo hablar de mis sentimientos hoy.  El resto podría ser un exceso de producción. Visité esta mañana el cuerpo conservado de Lenin. Producido para la solemnidad del recuerdo poderoso de una historia bastante contaminada de ansias. Como toda ansia la de la perpetuación del poder es también frágil y… secretamente… levemente maloliente. La perpetuación del poder es también perpetuación del ansia de inmortalidad. Todos queremos aparentar un poco y disimularlo con elegancia… como a Lenin le pasa un poco… observado como carne eterna en ese féretro de vampiro incorruptible. Rojo sangre… lejos del rojo vibrante de las banderas de las postales soviéticas. Ojalá un día lo siembren. Seguro retoñará en algo. Sade dijo en algún texto que todo lo que muere produce más vida y de paso por ahí no muere jamás… y aunque no haya sido eso exactamente lo que dijo… es lo que cuenta para mi.  Dolor. El dolor es connatural a la vida.  Duele que no vayas a leer esto.  Pero es connatural a mi circunstancia… yo no estoy allí tumbada en un féretro teatral y tampoco estoy contigo en cenizas.  O sí, un poco. Polvo eres y en polvo te convertirás. Sabio. En cenizas vamos todos fumándonos el tiempo. Ashes to Ashes. Sopla un viento helado… solo un recuerdo… estábamos sentados en la cama de JCM. Peleábamos mucho. Chocábamos, desafiantes uno con el otro, pulsión de muerte en tacto y verbo. Yo te leí años atrás.  Escritura congestionada. Como escupiendo de a pocos por no querer escupir sangre. Pasaste tu mano por mi pelo para recogerlo… me tapaba un poco la cara. Me acariciaste la frente. Se me congelaron los dedos ahora mismo. Odio la muerte. Le tengo miedo. Como la mayoría… le huyo. Pero me agarra la cara con una mano y me fuerza a mirarla. A veces llora conmigo. A veces se ríe. La sensación de ver morir una estación me tranquiliza. La conciencia de los ciclos.  Transmutación… como las cobras negras vibrantes envenenando el aire magnéticamente… marchitando los minutos, viendo arder el ahora… algo se escapa a las manos del más devoto… todo se escapa al cálculo. Aún si hubiera querido, Alejandro, nunca nada hubiera podido permanecer tan seguro en nuestras manos pequeñas.  Se nos acabó la arena entre los dedos. Se le acabó a Lenin. Y a los arquitectos del poder… al de la catedral de San Petersburgo se le acabó también… murió meses después de haber reventado su sagrado arte en microscópicos detalles.  Todos acumulamos detalles… memorias… momentos… los pulimos… los endulzamos… tratamos de hacerlos inútilmente memorables. Corremos tratando de chequear esto y aquello. Tú y yo no chequeamos muchos. Yo estoy ahora con una lista de chequeo activa en mis manos… sosteniéndola en medio de este otoño lluvioso en la capital de un  imperio kitsch. Se me caen las letras de la mente. Caen. Se encharcan y se deslizan por las calles… y las que no, sencillamente se empozan y los turistas ansiosos las pisan, se pegan a sus zapatos. Alimentan uno que otro árbol cansado. Alimentan los que vendrán. Alimentan mi miedo a decir que te extraño. Alimentan mi rabia. Alimentan mis ganas de rendirme y decirte que no se qué decir y que no se porqué escribo para ti.  Pero sé en el fondo que escribo para mi. Y es mi manera de llevarte conmigo. Desde el día que no estás un nuevo dolor me abrió la mente a percibir otros tonos de las cosas. Los colores se derraman y manchan todo. Lloro y canto. Te quiero y tú siempre supiste. Y sabes, supongo. Aquí estaremos juntos Alejo. Va a nevar. Cae con la nieve y dime que nos vamos a encontrar otra vez.

Astrid Cañas. Moscú. Octubre 24 de 2018.

 

Un comentario en “Acá en Moscú no ha parado de llover

Los comentarios están cerrados.