Disfraces que no olvido

Sobre la mesa del comedor reposan, unos sobre otros, en desorden, doce álbumes de fotos familiares. El más antiguo data de 1985; el más reciente, de 2003. Madre e hijo pasan sus hojas amarillas y descuadernadas en busca de recuerdos de los primeros Halloween, de disfraces e historias, tanto de él como de sus dos hermanas. Los acompaña Chepita –la bulldog inglés de la madre–, quien va de un lado para otro mordiendo sus juguetes y cuanto encuentre a su paso, y el padre, quien en silencio lee y trabaja en el estudio de al lado.

I

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El primer disfraz: pitufo.

–Este es su primer disfraz, de pitufo… Era un pantaloncito blanco, de tela suavecita, el saquito azulito, el gorro con las orejas. Yo no me acuerdo si el pitufo traía cola…

–¿Cuántos años tenía yo aquí?

–No Osquítar, ¡meses! De febrero a marzo, abril (baja el tono de voz para contar con los dedos), mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre… Tenía casi nueve meses.

–¿De dónde salió el disfraz?

–Ah, ese se lo compré yo allá en Popayán.

–¿Qué recuerda de ese Halloween?

–Amigdalitis, fiebre, ¡hmm, llanto! (risas) y los dulces eran pavorosos porque a usted le hacían daño, entonces le daban dulces y se vomitaba.

–¿Cuál fue el siguiente disfraz? Aquí sale un Superman, Halloween del 87.

–Y usted nació en el 85…

–Entonces falta el 86…

–Del 86 debe ser que no hubo fotos, que no se tomaron fotos ese año.

–¿Cómo era eso de las fotos? ¿Cuándo se tomaban y cuándo no?

–Pues es que yo no tenía cámara, entonces de pronto era que las tomaba algún vecino o familiar. O alguien que me prestaba las fotos para sacar copias.

–Bueno, aquí está Superman.

–Sí mi amor. Ese disfraz llegó de herencia del gordo.

–¿Con capa o sin capa?

–¿Sería que perdió la capa al volar? (risas). Yo no me acuerdo.

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En la casa de la abuela Alicia, en Buga (Valle del Cauca).

–¿Este disfraz será del 87? ¿El zorro?

–Sí. Ese disfraz era en licra mi amor, todo negro, tenía antifaz. Otra herencia de los hijos de Iván.

–¿Y una espada?

–No pues si tenía espada o no, hasta allá no llego (risas). Lo que sí recuerdo es que usted se ponía los disfraces desde que llegaban y no había forma de que se los quitara. Duraba como dos semanas con ellos (risas).

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En la casa de la tía Sonia, en Popayán (Cauca).

–Vea gordita, ¡el disfraz de Drácula! ¿O vampiro?

–De vampiro. Ese año mi mamá dijo que iba a mandar a hacer un disfraz para que no le tocaran las herencias de los primos y se lo mandó a hacer en Buga, pero como usted era adicto a las paletas de Drácula y allí salían colmillos, entonces se lo puso como una semana antes (risas) y ¡se peló toda la jeta! (risas).

–En las fotos tengo los colmillos siempre en la mano.

–¡Claro! (risas). Llevaba una semana con los colmillos puestos. Ay no, Osquítar, es que usted era monotemático, le cuento. Qué cosa tan hijueputa.

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Arriba: Quique Alvarelo. Centro, de izquierda a derecha: Jorge Lozano, Andrés Castro y un monstruo irreconocible (quizás era Ricardo Gaitán). Abajo, de izquierda a derecha: Oscar Iván y otro monstruo irreconocible (ese sí estoy seguro que era Diego Lozano).

II

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Arriba, de izquierda a derecha: Quique Alvarelo, Jaime Díaz y Oscar Iván. Abajo: Ximenita y María José.

–Esta es la primera foto en la que salgo disfrazado con las niñas. En este Halloween era un pirata. ¿De dónde salió ese disfraz?

–No pues eso fue una improvisación porque había escasez. El pantalón era el del vampiro que le duró siglos (risas), la camisa del colegio, una pañoleta negra, el parche y la candonga que era mía.

–¿Tengo la candonga puesta de verdad?

–Mi amor, lo que pasa es que era de presión, eran unas candongas españolas más lindas que me había dado su tía Yiyi, entonces era como de un resortico así y se aprisionaba.

–¿Y usted me hizo el parche?

–¿El parche? Claro, y la pañoleta. Y la espada, yo no sé… ¿Esa espada sería suya?

–Sí claro, de los Thundercats.

–Y el cinturón también se lo hice yo.

–¿De que están disfrazadas las niñas?

–Pues de gitanas, de gitanas… El disfraz se lo hicimos su abuela y yo… Alicita compraba las telas, dirigía; yo pintaba, cortaba, pasaba máquina. O sea ella básicamente era…

–Directora.

–Sí, ella era la jefe y yo era la laborera.

–Entonces usted hizo las faldas de las gitanas…

–Las faldas, las blusas, las pañoletas, las maquillé.

–¿Y los collares?

–Esos se los ponía yo, eran míos. Y Ximenita andaba en sandalias y Toché con unos zapatos, Ve! (dice señalando la foto)

–¡Y qué tal esas candongas!

–Esas eran del agáchese. Valdrían el equivalente a $2.000 pesos y eran gigantes pero no pesaban, porque la suya sí era pesadita (risas).

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María José y Ximenita.

III

–¿Esta quién es? ¿María? 31 de octubre del 93 –dice la mamá.

–O sea que ahí tenía 4 años, ¿cierto? –pregunta el hijo.

–Sí, porque ella es del 89.

–¿Una coneja?

–Una coneja, ese también se lo hicimos con mi mamá. Yo les hice las bauchitas. Eran de la misma tela de las orejas, y tenían el rabito (risas).

–¿Y María está comiendo zanahoria?

–Sí porque ellas tenían una bolsita transparente que yo les hice, filetiada con rojo, y entonces ahí llevaban lechuga y zanahoria, y Toché en el colegio se comió la zanahoria y la lechuga.

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“… y Toché en el colegio se comió la zanahoria y la lechuga”.

–¡Bueno! ¡Chepa! No moleste.

–¡Que no moleste! Escuche a su hermano. Vaya a ver con su papá. ¡Él sí tiene paciencia! ­

–Vea mami, aquí aparecieron otra vez las conejas.

–Por eso le digo que yo tenía el recuerdo de verlas a las dos como fuera del garaje, ¿sí? Las dos con sus bolsitas… Pero de pronto también puede ser idea mía… Vea, esta es Ximenita de conejo.

–Con su bolsita transparente.

–Y su calabaza para los dulces en la otra mano.

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“Vea, esta es Ximenita de conejo”.

–Chepita, ¡no moleste!

–Ay, pero a ella ya le va a llegar el disfraz. Esa vieja marica me lo quedó de mandar desde hace una semana… Que llegara a tiempo para que en su relato dijera que su mamá también disfraza a la niña (risas). Oscar Rodrigo, póngale orden, háblele duro a Chepa.

–¿Y la loca esa qué es lo que hace? ­­–pregunta el papá.

–Fastidiarnos mi amor. Me muerde los pies, se monta a la mesa. Lo que pasa es que está falta de atención. Ah, hijueputa pa’ joder.

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Chepita con su primer disfraz: oveja (2017).

IV

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El espantapájoros mueco y la gitana azul.

–Mami, ¡el espantapájaros y la gitana!

–Esta foto es muy bonita.

–¿Por qué le gusta tanto?

–Pues porque un espantapájaros mueco es todavía más espantapájaros (risas).

–La expresión de las dos está muy linda, es muy de ellas… Y a María José se le ve el pajarito en el sombrero del espantapájaros.

–Y la manzana pintada en el cachete.

­–Y el gusano que se come la manzana…

Yo les pintaba todo eso, es que a esos disfraces no les faltaban detalles.

–La gitana azul, Ximenita con 6 añitos. ¡Divina!

–Ay, las pulseras, los collares, la jeta, el rubor (risas).

–Y las candongas.

–¿Le hacía ilusión todo esto?

–¡Pues claro! Imagínese, si me hace ilusión todavía (risas).

V

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Dos amiguitas del colegio, Ximenita y Toché.

–¡Ay, aquí son bailarinas! –dice la madre.

–Cuénteme la historia de ese disfraz.

–Ah, este también lo hicimos con Alicia. Eran medias veladas rosadas, de esas baleticas que venden en la calle pa’ las brujitas, entonces yo se las forré y les puse cinta como las bailarinas, y les hicimos también para colocarles bamba en el pelo, del mismo bolerito que llevaba… de la misma tela… eso le dicen como can can a esta falda, entonces del mismo can can y aquí esto llevaba lentejuelas, ¿sí ve que se ve más oscuro?… Se veían divinas, ¿cierto?

(El hijo asiente con la cabeza)

–¿Cómo era la preparación para el día de Halloween? ¿Cuánto tiempo le llevaba a usted armar esos disfraces?

–No pues a mí no… dependía de mi mamá (risas). Pero sí eran por ahí 10 ó 15 días antes. Y como había que hacérselos, probárselos… y es que hacer así entallado a un niño es difícil porque no tienen forma de nada, para un adulto es más fácil…

–¿Y cuál fue el disfraz que más les gustó a las niñas?

–No, pues yo creo que el de conejo a María José… ¡No! El de espantapájaros.

–¿Por qué cree que el de conejo?

–Pues porque ella lo disfrutó comiéndose sus zanahorias.

–¿Y el de espantapájaros?

–Ah, el espantapájaros, sí… No, yo creo que en general Osquítar ellas disfrutaban todo.

–¿Y mi favorito cuál fue?

–El Drácula, el de vampiro (risas).

–¿Cuál es el recuerdo más bonito que usted tiene de Halloween? ¿Alguno en especial?

–Mi amor pues yo creo que el primer año de cada uno, porque era la sensación, el bebé, disfrazarlo. Pero de resto yo todos los disfrutaba mucho… Con usted no era tanto el trabajo, pero a ellas había que maquillarlas, confeccionarles… Todo era un ritual.

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María José de pitufina, en su primer año.
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Ximenita, en su primer año.
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Mi mamá y yo.

 

 

Un comentario en “Disfraces que no olvido

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