Ahora convalezco

Texto e ilustración por Daniela Zurita Herdoíza. Gestora cultural, museóloga, artista sonora y foto-bordadora. Miembro de la Comunidad de Oyentes

Para contar cómo llegué a la escucha de podcast, me gustaría volver a ese recuerdo de una manera mística y redentora, aunque la verdad esa primera vez no fue ni mística ni redentora. De hecho, debe haber sido algo fortuito y aleatorio, como muchas otras cosas de la cotidianidad inconsciente que se ejecutan para escapar del tedio. 

No se me hace posible determinar con exactitud el día ni lo primero que escuché. Es como si me preguntaran cómo llegué a comer chocolate y cuál fue mi primer bombón. Pero como la memoria es selectiva, empezaré reconstruyendo lo que sí recuerdo. 

Primero que nada, el contexto:

Año: 2018. Vida: gris tirando a negro. Trabajo: de 8 a.m. a 5 p.m. Cargo: técnica cultural. Lugar: entidad pública. Actividades: escribir proyectos que nadie leía y tampoco se realizaban. Pasatiempos: dormir. Sueños: ninguno. Esperanza: nula. Frustración: galáctica. 

Suficientes datos para entender por qué el primer programa que escuché fue Entiende tu mente, conocido por ser uno de los referentes del podcast en español que aborda temas de psicología, condensándose en pastillas audibles de 20 minutos. 

Tomando en cuenta mi estado marchito, me aferré concretamente al episodio «La indefensión aprendida», que habla de aquella “condición que nos puede llevar a darnos por vencidos ante situaciones adversas, cuando previamente las acciones que hemos llevado a cabo para superar o evitar esa situación o situaciones no han tenido éxito”. Lo escuché varias veces tratando de encontrar sentido a lo que me pasaba en aquellos momentos. Por supuesto, no lo hice, pero sí hallé otros dos podcast: Lo que tú digas y Radio Ambulante

Mientras me identificaba con todas las condiciones psicológicas y mentales existentes y diagnosticaba brutalmente a mis jefes como psicópatas integrados, escuchaba durante horas enteras conversaciones ajenas hechas podcast. Me refiero a Lo que tú digas, un programa de entrevistas producido por Alex Fidalgo, no apto para impacientes o personas con poco tiempo que les gusta la fast food, no la sobremesa dominguera. Sus episodios a veces duran más de dos horas y desnudan la vida de personas muy distintas: deportistas, neurocientíficos, periodistas, escritores, actores, humoristas, estrellas porno, criminólogos, etc. Las disciplinas a las que se dedican a la final no importan, solo se trata de sumergirse en la humanidad. Son conversaciones sinceras que siempre terminan abordando temas vitales en torno a la búsqueda de sentido del entrevistador, quien trata de entender al otro para finalmente comprenderse a sí mismo. 

No es coincidencia que, dadas las circunstancias de mi vida de ese entonces, haya empezado a escuchar a Alex a partir del episodio 142, «Yo satanista», entrevista a una periodista especializada en uno de los temas más controversiales de la historia: el demonio.

Así, de a poco, empecé a navegar por las olas sonoras, surfeando la realidad y descubriendo nuevas formas de contar y escuchar, afinando progresivamente los oídos. Fue durante ese navegar que me encontré con la ballena blanca del océano de los podcast: Radio Ambulante. Semana a semana, he seguido estas historias de Latinoamérica. En sus episodios he escuchado varias voces y acentos, me he acercado a diferentes ambientes y territorios y he confirmado que, de este lado del planeta, a pesar de las desdichas, seguimos bailando y chismeando, jodidos, pero con gracia.

Con el tiempo, los episodios descargados, los audífonos desgastados, la frustración exacerbada y la mente cansada, llegó la pandemia y, con ella, el aislamiento, el despido, la incertidumbre y, finalmente, la calma del silencio. Era una posibilidad para reiniciar. Para mí, este reinicio llegó en forma de diagnóstico: depresión aguda. Mientras probaba las dosis correctas de los medicamentos que me recetó el psiquiatra, seguí escuchando y comencé a sentir el mundo, con todo lo que implica el verbo sentir. Quizá por eso «El sabor de las palabras» es uno de mis episodios favoritos de los ambulantes, hasta tengo pendiente escribir un cuento sobre la sinestesia. 

Después de que se acepta el derrumbe, no queda más que reconstruir. Junto con las minipastillas y las gotitas, llegó la TASKA y empecé a grabar. Lo grabé todo e imaginé mundos posibles a través del sonido. Seguí escuchando, pero en compañía, en comunidad. Nadé por nuevas aguas y llegué a (De eso no se habla). Escuchándolo aprendí lo que es un ensayo sonoro. Isabel Cadenas Cañón puso en palabras la sensación que yo tenía dentro y determinó mi relación con el sonido. 

Si bien todos los episodios de este podcast son un pinchazo que despierta el proceso de reflexión, para mí, el prólogo de (De eso no se habla) implicó encontrar en un respiro la emoción que se me había caído del bolsillo algún día en el pasado. Este podcast es un ensayo que experimenta con diversos formatos sonoros y a veces los mezcla, todo en función de la narrativa que la historia demanda. Esa libertad de hacer es lo que permite que este podcast sea un referente para todos los creadores que buscan llevar los productos sonoros más allá de una conversación.

Conforme pasó el tiempo, el tratamiento avanzó, la enfermedad cedió y las ganas volvieron. Aprendí a editar mis grabaciones, bordar mis fotos y bailar con sensaciones. Me volví fonografista de mis días, paisajista de mi entorno, archivadora del presente, constructora de los archivos sonoros del futuro, al menos de mi vida. Durante este proceso metamórfico, llegó Blum, la primera ficción sonora que escuché.  

Antes de Blum, nunca había escuchado una historia ficcionada en audio por temor a no creérmela y tener que parar la reproducción en medio de un melodrama cualquiera, mi prejuicio me había negado la posibilidad de disfrutar de uno de los formatos más difíciles de lograr y más mágicos cuando se consiguen. Blum es una de esas series que no se olvidan, que te marcan porque está bellamente contada. Es intensamente verosímil, aunque tenga como base un carácter místico parecido al universo de las pinturas de Remedios Varo y Leonora Carrington. De hecho, este falso documental narra los misterios que rodean la vida de Úrsula Blum, una pintora vanguardista del siglo XX. 

Hay muchos otros respiros sonoros que me permitieron sobrellevar la asfixia de mi enfermedad. No puedo comentar todos, pero me he referido a los que tienen un lugar especial en mi memoria. Ahora que las dosis van bajando, yo sigo escuchando, porque el sonido es presencia y mientras exista hay vida. Como dice Alberto Giordano: ”Sobreviví a la depresión y ahora convalezco”.

Yo convalezco apegada al sonido y sus mundos. 

Por Daniela Zurita Herdoíza.

Te puede interesar:

Queremos saber cómo fue tu inicio en la escucha o la producción de podcast. Conoce más aquí.
Una carta de amor al podcast que hacemos Peces fuera del agua y Tristana producciones. Escúchalo aquí.

Inscríbete gratis al encuentro online aquí.

Peces fuera del agua es un laboratorio creativo que explora y difunde narrativas digitales en el que puedes publicar tus trabajos. Envíanos tus propuestas al email pecesfueradelagua@gmail.comSi te gusta lo que hacemos, comparte nuestras entradas con tus amigos y síguenos en FacebookInstagram y TwitterTambién puedes suscribirte a nuestra newsletter, El cardumen.

, , , , , , ,

Deja un comentario