WATCHMEN – Una experiencia sin fin

Dentro de los asuntos pendientes y que, según muchos, sólo requerían de tiempo para ejecutarse, he usado el tiempo de aislamiento social para emprender tres tareas distintas y un solo fin verdadero: entrar en el universo Watchmen.

EL LIBRO. Escrito en 1986 por Alan Moore e ilustrado por Dave Gibbons.

Fueron doce entregas, o en este caso: capítulos.  Igual que las partes de un reloj. Exacto. Un reloj que se va acercando al día del juicio final o al fin del mundo sin un juicio, con una sentencia dictada por la misma humanidad. Segundo a segundo, viñeta a viñeta, nos introduce en un mundo lleno de personas con traumas, superhéroes fallidos, individuos que ocultan su rostro, sus intenciones, una sociedad que no quiere verse a sí misma. Una humanidad que se ve interrumpida por la irrupción de un humano dios, un dios por error, un dios que nos desprecia. Luchas internas que se pierden, soldados ocultos tras identidades cómicas pero que en el fondo lloran, violan, matan, sangran. Disfraces que se heredan, disfraces que se venden, que buscan ser guía de una sociedad igualmente fallida.

Fue un reto enfrentarse a la lectura de un cómic: un texto diverso, distinto, colorido. El libro permite una interacción distinta, abundante. El lector se ve recompensado, se le ofrecen discursos de color, enfoques, acercamientos, canciones, discursos políticos, religiosos, sociales, psicológicos, íntimos. Cada color, cada viñeta, cada ubicación de los personajes en sus páginas tiene un motivo, nada es casualidad en estas páginas.

El gobierno exitoso, o al menos concluido, de Nixon; la victoria estadounidense en la Guerra de Vietnam, un ganador en la guerra fría: son ucronías, invitaciones a atreverse a contemplar mundos distintos, páginas y personajes que incluso nos llevan a Marte, a contemplar paisajes sin tiempo o con tiempos paralelos, como el cómic.

LA PELÍCULA. Estrenada en el año 2009, dirigida por Zack Snyder. Fiel a la estética del libro, y por eso mismo, sin alma propia. Transita por los mismos personajes, las mismas historias, diálogos tomados literalmente del libro y escenas imitadas de las viñetas. Es inevitable la comparación constante con el cómic y pensar que se trata de una visión reduccionista de él, que, aunque los actores escogidos correspondan físicamente con los dibujos de Gibbons, no nos llevan a esforzarnos, ni a buscar adentro nuestro, las intenciones de los diálogos escritos por Moore. 

El punto fuerte de la película recae en los efectos visuales, en el atrevimiento de buscar una estética lo más parecida posible a las páginas del libro y en la osadía de tener un final completamente distinto pero que, por disruptivo e inesperado, le ofrece al espectador el salvavidas necesario y la justificación ideal para complementar la experiencia de lectura.

LA SERIE. Emitida el año 2019 y creada por Damon Lindeloff, el mismo genio detrás de Lost y The Leftovers. Los nueve episodios de la serie son un esfuerzo adicional al realizado por la película, no se atreve a tocar ninguna página del cómic, lo respeta, inicia donde termina el cómic, en el fin del mundo, que es el inicio de otro, la posguerra. El conflicto ya no es en Vietnam, el conflicto es interno, como el de sus personajes. Algunos trascendieron a las páginas, sobrevivieron y envejecieron, se quitaron sus máscaras. El dios es ahora más humano y los humanos pueden ser dioses. Visualmente es impecable, el ritmo de la serie es trepidante de inicio a fin.

La casa productora es HBO, que ofrece una experiencia única y sólo posible en esta época: a los nueve capítulos se le suma un podcast disponible en plataformas de streaming para escuchar después de cada episodio, cuenta también con una página web www.hbo.com/peteypedia que remite a archivos desclasificados que permiten conocer entretelones de la historia que no muestran las imágenes, y en donde se alude a la narrativa de Moore y Gibbons en el cómic. Para completar la experiencia sensorial: la banda sonora, que es básica para determinar el ritmo incesante de la serie, y compuesta por Trent Reznor y Atticus Ross.

La triple experiencia fue altamente satisfactoria, se trata de una historia en la que el cómic deja un punto muy alto, y esto, sumado a la reticencia de Alan Moore de dar su visto bueno a los proyectos derivados, dan un toque de prohibición y de osadía a quienes se atreven a tocar su obra, incluidos los lectores, que de alguna manera se convertirán en cómplices y guardianes de sus inacabables mundos.

Imágenes tomadas de:

https://twobeardgaming.com

https://www.amazon.com

https://www.filmaffinity.com/es/film267002.html

https://www.filmaffinity.com/es/film398492.html

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