Cronófago

Y me acerco lentamente a tu boca; hasta rozar tu nariz con la mía;
hasta que el brillo de nuestros ojos forma un caleidoscopio.
¡Ese, que tantos seres dichosos han visto!
Nace un ser bicéfalo que no tiene nombre, más que nosotros;
Cálido, húmedo y sonriente, de múltiples extremidades;
Pieles marrones y claras; manos que juegan con las sombras del otro.
Aquél, que en una sinfonía de gemidos devora el tiempo;
mientras me hundo en ti, mientras bebo de ti, mientras levitamos en el otro.
Respira, se agita, palma el ritmo en tus costillas, aprieta mis nalgas;
Danza entre las oscuras y húmedas cavidades de tu vientre;
Gira sus caderas en círculos y elipses;
Y en un frenesí de oxígeno, se derrama entre los pliegues de tu vulva; el tulipán del deseo.
Se desliza por la comisura de tu boca, mientras se arrulla en tu palabra.
Duerme entrelazado, como río y llanura;
Como si fuera ola que llega a puerto;
No se extingue,
nace tan pronto olemos su cuerpo.

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