Green Book

Por Adriana Ramírez

Ernesto Samper en su autobiografía comentó que el arequipe es la prueba fehaciente de que Dios existe. Concuerdo totalmente aunque el origen de la deliciosa cita sea ese personaje nefasto y, ahora caigo en cuenta de que, tal vez se debe a él, el hecho de que muchos años después de haber leído su libro, con la connivencia  de un jefe con el cual compartíamos libros y películas, el arequipe haya adquirido una naturaleza descriptiva que nos ayudaba a referirnos a aquellas cosas maravillosas que nos encontrábamos en las páginas o en la pantallas.

“¿Cómo le pareció?” era la pregunta con la que nos saludábamos el lunes y con una sonrisa de complicidad, con una sutil picada de ojo y un gesto de la mano que lentamente se acercaba a la boca indicando complacencia, el otro respondía: ¡Arequipe!

Desde entonces la naturaleza melcochuda de ese manjar, su sabor dulce que a la primera cucharada soluciona todos los problemas del mundo y su textura indecentemente cremosa, me ayudan a describir las cosas que logran tocarme el alma, que la enmelocotan y que hacen que se me pongan los cachetes rojos de felicidad o me desborde en un mar de lágrimas. Green Book es arequipe.

Dos hombres, uno blanco y otro negro, se embarcan en una travesía. Eso ya lo hemos visto. Dos hombres, uno blanco y otro negro, juzgan al otro por el color de su piel, se anticipan a su verdadero ser a la luz de los prejuicios y los estereotipos, eso ya lo hemos visto también. Y, dos hombres, uno blanco y otro negro, se descubren, se sorprenden,  frente al universo infinito que encierra el otro y, tal descubrimiento desemboca en una amistad entrañable. Nos sabemos el cuento.

Sin embargo, no piense que estos lugares comunes no son dignos de su atención. Todo lo contrario. Esta película le permitirá nuevamente enfrentarse a los absurdos de los que somos capaces los seres humanos, de la idiotez monumental del miedo que, revestido de ley, pudo generar las dinámicas más terribles de humillación hacia millones de personas con un único fundamento: el color de su piel. Lo pondrá contra la pared de la realidad al presentarle una historia que tuvo lugar hace más de cinco décadas pero, que desafortunadamente, se revela vigente y por ello, conmovedora.  Para mí, esta es su gran fortaleza.

Ahora bien, contar una historia de tal naturaleza, requiere una gran destreza tanto técnica como artística y creo que estos aspectos son cubiertos de sobra por Peter Farrelly (¿quién lo diría?). Pero mis aplausos iniciales se los lleva Rick Montgomery quien en calidad de director de casting formó una dupla genial para interpretar a Tony Lip y al Doctor Don Shirley.

Probablemente si en algún lugar del mundo alguien iniciara un culto que tuviera como mesías a Viggo Mortensen, yo vendería mis posesiones y me uniría sin objeciones a él dejando atrás a una ralea de familiares y amigos preocupados. La mañana después de ver Green Book alisté dos maletas. Así estoy de comprometida con la causa. ¡Qué rango el de este señor! Del Aragorn de ensueño de principios de los 2000 y el brillante Capitán Fantástico de hace un par de años, no se ve ni la sombra. Barrigón, avejentado, italianizado, Vigo encarna de manera muy bien lograda los miedos blancos, de los años cincuenta y de hoy.

A su lado, Mahershala Ali, también grande (aunque no escrituraría mi apartamento a su causa), siempre erguido y con dejos de Remy Danton, logra presentar una semblanza del hombre negro muy distinta a la que estamos acostumbrados a ver y, es por esta particularidad, que la película presenta un diálogo novedoso. En las dinámicas de exclusión y de inclusión condicionada, su maravilloso personaje, de una validez desgraciadamente atemporal, encarna las tensiones de las pretensiones de igualdad, de reconocimiento de lo humano, de reconocimiento de lo negro, del otro.

La película está repleta de pequeños momentos incómodos, de esos que hacen cerrar los ojos y decir: ¡uy tenaz! Y cada uno de ellos es seguido por una carcajada producida por una guachada dicha por Viggo o una frase grandilocuente de Mahershala, configurando un ritmo delicioso y delicado, respetuosamente ambientado, que además se sirve de un carro,  una carretera y una música espectacular para generar los más profundos cuestionamientos en el espectador.

Déjese tocar por la simpleza de Green Book, permítase que esta historia ya conocida lo vuelva a sacudir, disfrútela con crispetas hechas en casa y coca cola a la mano, con buena compañía y verá que Samper, mi ex jefe y yo tenemos algo de razón con el cuento del arequipe.

*Imagen destacada: fotograma de la película Green Book.

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