Volver

Hace un tiempo escribí una entrada que generó una conversación muy interesante y, que hasta este momento, trabajé de manera cautelosa en mi mente para lograr sentarme a escribir un desenlace de la cuestión. La entrada trata de la química de las personas con las ciudades y sobre cómo ser un expatriado te obliga a hacer pactos con éstas para vivir cada experiencia de la mejor manera, haciéndote amigo a la fuerza, o no, de todas las cualidades de ese nuevo lugar. Una lectora, conectada con mis cuentos de idas y más idas, me hizo la siguiente pregunta: “¿Y a la vuelta qué pasa?”.

En ese momento, respondí sinceramente que nunca había escrito nada sobre Volver porque no me animaba. El simple hecho de ponerme a definir lo que siento cuando vuelvo al lugar ‘de donde soy’ me genera sentimientos encontrados y, honestamente, es mucho más fácil hablar sobre la emoción, la aventura, el misterio y el empoderamiento que genera irse a volar por el mundo. Es algo que me sale por los poros y que no puedo disimular, ni en letras ni en gestos.

Al Volver me ocurre que ese sentimiento tan confuso que aún no logro definir me desconcierta y me limita las palabras. Las pocas veces que lo intenté, en el afán de ser sincera, terminé expresándome mal y, por este motivo, hasta ahora me llamé al silencio.

Lo que ocurre es que, a veces, cuando escucho el anuncio del capitán que estamos por aterrizar en el Aeropuerto de Carrasco en Uruguay, mientras me ajusto el cinturón, abro las ventanas y enderezo el asiento, me propongo ajustarme también a quién soy yo, ahora. Le digo que respire y que venga conmigo, sin miedo. No siempre lo consigo. El miedo es que nadie vea el lado positivo de lo que diez años afuera hicieron conmigo, o lo que es peor y que pasa seguido, que no lo entiendan.

¿Cómo puede ser que uno se sienta tan bien consigo mismo y se sienta feliz de lo que es, y luego al volver a donde conscientemente dejó cosas atrás, lo haga dudar de todo eso? Especialmente si se sabe que en diez días se va de nuevo…

¿Cómo se es uno mismo con la mochila de experiencias en donde partió sin pertenencias?

No lo sé.

Solo sé que Volver es visitar a quienes más quiero y a la vez encontrarme con una sombra de mí que no quiero volver a ver. Solo sé que al irme, sufro cuando me despido a las personas que más quiero y a la vez siento alivio de dejar a esa sombra desamparada. Solo sé, que al día de hoy, sigue siendo difícil hablar de ti: Volver.

*Texto por María del Carmen Perrier.

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