¡Cálmate que me desesperas!

Lo escucho cada vez más fuerte. Se acerca y no lo puedo detener. ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!, la gente siempre ha creído que es Bum Bum, Bum Bum, Bum Bum; pero no. Es como si una bala se disparara con cada latido ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!

Me pregunto si a alguien más le molesta el latido. Ese desesperante latido. Me quiero salir de mi pecho, no, ¿sabe qué?, me quiero salir de mi cuerpo. ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!

No quiero palpitar, no quiero hormiguear, no quiero implosionar, no quiero sentir… sentir. Cada maldito sentido me empuja hacia él. Mi olfato trata de hallarlo cuando no siente su aroma, mi vista lo busca cuando se asoma por las orillas, mi tacto ansía sentir su piel, sus brazos, sus manos, su todo; y mi gusto se volvió caprichoso ante su sabor, tengo un antojo insaciable de él. Malditos bastardos traicioneros.

¿Ahora me entiende? Ni siquiera puedo confiar en mis sentidos: él los distorsionó. Ahora no obedecen a la razón y yo soy carcomida por el deseo y ese maldito Bam que no me deja concentrar.

Pero, ¿Cuál es la maldita necesidad de aventarse al abismo? A ver, ¡cálmate que me desesperas! Nadie más los escucha, sólo tú, así que deja la maldita demencia, mujer, ya estás muy grande para andar con cuentos. Vete a dormir y replantea tu maldita insensatez.

No crea que estoy completamente loca, no es que hable sola, es que en mis profundas reflexiones a veces me veo interrumpida por esa vocecita irritante en mi cabeza, creo que algunos le llaman la voz de la consciencia, pero ¿qué clase de consciencia niega los malditos latidos? Yo todavía los escucho y los siento, con o sin alcohol. En fin, le venía contando… ¡Ah, sí! Me gusta el instinto que él despierta en mí, me hace querer volverlo indecente y que caiga en tentación, ser la causante de su impulsividad y descontrol, desatar esa mirada calmada y avivar la intensidad.

Cómo es posible que ahora una mirada bese y un suspiro penetre, que ahora el alivio lo encuentre cuando me eriza la piel, que ahora lo saboree cuando paso saliva. Ahora, ahora, ¿Y ahora? Siempre me he jactado de tener autocontrol, de ser más racional que emocional, pero ahora me hallo mordiéndome los labios cuando me mira y ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! ¿Lo escucha? Es inevitable, y mire que lo intento.

Todo y nada tiene sentido, todo y nada surgió a lo bestia y ese todo y nada resuena ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! ¿Quiere saber por qué son tres disparos? Fácil, cada uno genera un vacío específico, pero son de esos vacíos que no se van por más que los trate de llenar.

¡Calma! Maldita sobriedad. Sólo debes aceptar que es otro de tus juguetes, sólo es un capricho. ¿Y qué importa si tiene tres tiros? Eso no significa que se los hayas metido tú. Que nada es diferente y todo es igual, a ver si te enteras de una puta vez y aprendes a soltar. Pareces recién caída del zarzo. ¡Ya madura!

Alguna vez le pregunté si me escuchaba cuando lo pensaba, creo que me tomó por loca, y no estaba del todo equivocado, pero interrumpió mi discurso sin dejar que le preguntara más. Ahora que lo tengo enfrente es mi oportunidad: “¿Qué le dicen sus sentidos cuando estoy cerca, cuando me recuerda, cuando roza mi piel desnuda, cuando siente mis labios, cuando su lengua recorre mi pecho? ¿Qué pasa por su mente cuando se encuentra con mis ojos? ¿Acaso las fantasías se le van en suspiros? ¿Acaso no siente la necesidad de desnudar mis pecados?”.

Él me mira desconcertado, quizás asustado, ¿qué sé yo? Estoy agotada de tratar de adivinar y maquinar 24/7, no estoy diseñada para esto. Siempre termina igual: siendo la nada de lo que querías que fuera todo. Él nos ve a ambas, estoy segura, siempre que la ven a ella se asustan. Es como si ambas nos asomáramos a un abismo y contempláramos el desastre que hicimos, pero a que no adivina: la malparida siempre prevalece.

¿Acaso intentas creer en la unión de dos almas como destino? ¿Eso de encontrar una persona que te trastorna por completo y su sola presencia te sofoca, que te detiene el corazón con una mirada y lo hace palpitar con un beso? ¡Venga! Cuéntame otro.

Es la mierda esa del determinismo causal, nos programan para buscar respuestas, y cuando no obtenemos una respuesta racional, nos conformamos con una mediocre o inventamos una que nos convenza. No me gusta sentir, ya se lo había dicho, pero ¿tal era la necesidad de aplacar cualquier rastro de pálpito que le tuve que disparar? Y si lo hice, ¿por qué demonios sigue ese ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!?

La malparida siempre prevalecerá, repítetelo hasta que te lo creas. Ay, ¡por favor!, llevas 25 años de práctica y te vienes con tus dramatismos emocionales ahorita, ¿y por un polvo?, ni siquiera desató un infierno entre tus piernas, no le vas a permitir que lo haga en tu cabeza.

Salud mental, ¿qué será eso? Digo, porque ni ebria llego a la lucidez que permite tomar decisiones acertadas en la vida, mucho menos sobria, y no, no lo dije al revés. El espejo al que me miro cuando me hablo me dice tres cosas: Qué ojos tan hermosos tienes; Tienes una sonrisa perversa; y ¿por qué tienes una pistola?

A veces me pregunto por qué siento el pecho encogido, por qué le huyo a sentir y por qué no puedo respirar.

A veces me pregunto qué significa mi dolor en la sien, qué es lo interesante de la sensatez y por qué sigo tomando.

A veces me pregunto si soy un error, si debería ser diferente, si me estaré volviendo loca o si no lo estaré ya.

A veces me quiero involucrar. A veces quiero escapar. A veces y a veces hasta que sea nunca o siempre.

Reeespiiira. Siempre que nadie se entere de que el ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! sigue ahí, vas a estar bien. ¿Quién dice que la gente se da cuenta cuando palpitas? Ni siquiera estás segura de estar palpitando, pudieron ser sólo disparos, ¿sabes?, sólo balas, con dirección fija y sin sentimientos. ¡Eso es! Disparos, no latidos.

¡Venga! Ya es de madrugada: mirada serena, copa llena y paso firme. ¿Quién tiene potencial para hacerme palpitar? El de la esquina se ve prometedor, sí, está solo, parece interesante, no se ve hostigante, tal vez me dure un poco más que el anterior y no me hastíe tan rápido. Tal vez éste sea el que es, tal vez éste te haga sentir, tal vez éste te haga palpitar y no disparar, o al revés, como sea. Sólo se necesita una mirada, vamos alma en desgracia, sólo necesito una mirada.

Un comentario en “¡Cálmate que me desesperas!

  1. Es una lectura muy bonita y atrapadora, describe situaciones comunes de las personas, sentimientos, y hace fácilmente que muchos nos identifiquemos y no paremos de leerla, me ha gustado mucho
    Esta escrita de una gran manera y con palabras bastante adecuadas en mi opinión

    Le gusta a 1 persona

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