Dos cosas por hacer

Tengo dos cosas por hacer.

 

La primera es hallar una palabra capaz de atravesar el cuerpo, el alma,

capaz de detenerlos, de fecundarlos;

una palabra que los haga girar hacia mí como una especie de revelación,

que transite el espacio que nos separa,

que nos encuentre en la distancia entre tus ojos y mi piel.

 

La segunda, es retomar el movimiento tranquilo de quien se desprende de la seguridad paralizadora de su tercera pierna;

en palabras de CL, soltar un trípode inepto para volver a la torpeza de mis dos pies y caminar sola al fin.

Y para ello solo cuento con 1.903 horas.

Nada, si las comparo con los minutos que gasto pensando en esa palabra,

en si existe, si la siento, si es inútil decirla.

O con la angustia de pensar si debe ser un adjetivo que describa mi vértigo,

o un verbo que te conmine a venir;

con el miedo que siento de que una vez afuera no logre atravesar nada,

que no se escuche, que no se entienda.

 

La estoy buscando, lo juro,

y si estás en alguna parte, ¡llega!

Dejé la ventana abierta.

Entra por favor, aunque sea tarde, aunque me encuentres sola.

 

Llegó. No cruzó la ventana,

la encontré abajo atada a mi pierna, en la tercera, enredada y llena de nudos.

La buscaba afuera, ajena;

la buscaba iluminadora, cálida, llena de certezas

y la encontré dentro, apática, confusa, unida a mí,

aferrada a aquello que me estorbaba, que me hacía peso.

Traté de soltarla, separarla de lo inútil desenredando cada nudo sin resultado.

Quité mi pierna, desarmé mi trípode y destruí mi soporte.

Me sentí liviana, con la sensación de lo irremediable,

había quedado solo con mis dos piernas.

Ya la palabra no importaba,

la ansiedad de desatarla y las ganas de decirla desaparecieron.

No intenté moverme,

sabía que el primer movimiento físico del miedo, levantarme, me devolvería a la angustia del desequilibrio;

tropezar y caer me regresaría a necesitar esa tercera parte que ya no estaba.

 

Disfruté el vacío,

sonreí ante la ausencia de lo que había sido mío,

volví a la tranquilidad de tener lo que no creía, solo dos piernas.

No diré la palabra,

solo diré que no logré desatarla,

que mientras la buscaba encontré otra cosa

y que la corté junto con mi miembro amputado.

 

Texto por Adriana Lucía Guerra.

Ilustración por Francisco Jaraba.

Dos cosas