“Gramalote no es fantasma”

“La ruina, el desastre, sea provocado por los elementos aún incontrolables de la naturaleza o por la mano devastadora del hombre, es algo que define nuestros paisajes urbanos y naturales. Las ciudades muestran una ruina muy poco romántica mientras que el paisaje, aunque esté devastado, siempre tiene una connotación de belleza extraña”, Rosa Olivares.

Gramalote es un municipio del departamento de Norte de Santander, en donde el 17 de diciembre de 2010 ocurrió un fenómeno natural que dejó a más de 2.000 personas damnificadas y la destrucción del pueblo, el cual fue provocado por el fuerte Invierno y el movimiento de una falla geológica. Más de 60 de las familias afectadas hoy viven en el albergue La Palestina en la parte alta del municipio a la espera de la reconstrucción de Gramalote, que fue prometida por las autoridades de turno, pero sin tener respuestas concretas a las que como ciudadanos tienen derecho.

Al recorrer el pueblo en escombros se encuentran objetos que dan cuenta de las formas de vida que los gramaloteros tenían antes del fenómeno natural; maletas, documentos de identidad, utensilios, entre otros, que hoy representan la tristeza, el abandono y la soledad que se respira en buena parte de lo que hoy es Gramalote y que contrasta con la alegría, los vínculos y los motivos de vida que ancestralmente existieron en este municipio.

Pero la vida sigue, la resignificación del hecho, la resistencia al olvido, la lucha por la memoria histórica y la reivindicación de la ciudadanía y por ende del ejercicio de los derechos fundamentes se convierte en la mejor motivación para algunos hombres y mujeres que han decidido estar allí, recuperar su propia vida, a pesar de que el Estado se haya olvidado de su existencia y los políticos de turno usen esta situación como plataforma política.

La Lomita es el lugar donde se plantan las nuevas esperanzas y formas de resistencia, por medio del mercado incipiente, con pequeñas tiendas que comercian café, yuca, arracacha y hortalizas; los domingos el mercado es más concurrido y se ofrecen productos traídos de Cúcuta, como pan y gasolina, y la gente de las veredas y albergues se acercan a comerciar sus productos. También se dan conversaciones entre habitantes de diferentes generaciones, muchas de ellas sobre lo ocurrido en Gramalote en el 2010, pero también acerca de lo que quieren a futuro, de cómo sueñan con un mundo en donde tengan la posibilidad de recrear sus tradicionales formas de vida; es por ello que los más jóvenes emplean expresiones culturales propias de su generación y cantan canciones que recogen la historia de su pueblo:

La mañana de aquel viernes / no pasaba por mi mente / el aviso del peligro era real e inminente / con angustia / vi llorar toda mi gente / el paso y el desespero se sentía en la gente / las casas se derrumban / y veíamos el corazón de muchos años de trabajo / convertidos en escombros / no entendíamos qué pasaba / estábamos desesperados / parecía una mala broma / un chiste mal contado / las familias preocupadas no paraban de llorar / y la grieta nos seguía los pasos al caminar / nos tocó salir corriendo / obligados nos tocó / y vimos que un bello pueblo la montaña se tragó / tuvimos que refugiarnos en casa de familiares / nos regamos por el norte / también por otros lugares / una cruda enseñanza quedó escrita en las murales / hoy no hay ricos, hoy no hay pobres, hoy todos somos iguales / ha pasado un par de años / siguen estando presente / los recuerdos de mi pueblo / van grabados en mi mente / las comparsas, nuestros juegos / los amigos y vecinos / y seguiremos siempre juntos / aunque por otros caminos / el gobierno hace promesas / y no vemos resultados / Gramalote no es fantasma / su gente no lo ha olvidado / represento las costumbres, las raíces, y alegría / seguimos haciendo historia / pues somos historia viva / viva donde viva / y a donde quiera que vaya…

El 16 de abril de 2012, en el albergue La Palestina, en la vereda Valderrama del municipio de Gramalote, con la participación de 60 familias damnificadas del municipio de Gramalote, se realizó la asignación de igual número de alojamientos temporales restantes de los 81 construidos. Esto ocurrió gracias al apoyo de la Diócesis de Cúcuta y su Pastoral Social, el Secretariado Nacional de Pastoral Social, Caritas Alemana, Trocaire y los aportes económicos recolectados durante la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes del año 2011.

Mientras que esperan que la sociedad y el Estado los recuerden e incluyan, los habitantes de Gramalote continúan con sus vidas, ahora marcadas con otras formas de resistencia; sus adolecentes continúan en la búsqueda de encontrar un lugar en la sociedad como sujetos que integre a los otros y las otras que deseen mantener la memoria fresca, intacta, pero llena de sueños de ser comunidad y que se expresa por medio de sus cantos y espacios de socialización:

En el año 2013 /estábamos adentro / pues el albergue de nosotros / queda en el centro / Le damos gracias al padre Abimael / por dejarnos vivir aquí / y también vivir con él / son cosas de la vida mi pueblito se cayó / se cayeron ya las casas / y la gente no murió / así como nos lo dieron / también nos lo quitaron / pues la gente de otros pueblos / ya todo lo robaron / así como nos lo dieron / también nos lo quitaron / pues la gente de otros pueblos / ya todo lo robaron

Es sí como hombres y mujeres, niños, niñas y adolescentes, adultos y personas mayores resisten el olvido y la indiferencia e intentan demostrar en silencio, pero sin pausa, que Gramalote es más que un conjunto arquitectónico, en donde la fuerza de los vínculos entre sus habitantes y con el territorio resulta más fuerte que la lluvia torrencial, la falla geológica y el olvido de un Estado indolente; por la fuerza de su pueblo es que Gramalote es mucho más que una historia, una memoria y un sueño: Gramalote es una realidad.

*Texto y fotografías por el pez invitado Gabriel Rojas