Hablando con los muertos

En la cara de una montaña en Otsuchi, oculta entre las casas, está la cabina telefónica. Se parece a una de las famosas cabinas de Londres (por los menos las que muestran las películas), sólo que esta es blanca. Adentro hay un teléfono negro de disco, de los que habían en las casas, no de los que solían estar en las cabinas.

Una mujer de unos 60 años entra, levanta el auricular, marca el número, espera, al parecer nadie contesta del otro lado o quizás no quiere hablar con quien contesta, el caso es que no pronuncia ni una palabra y después de un momento cuelga. Sale de la cabina y explica que de repente sintió una oleada de sentimientos que no le permitió hablar. Seguramente la misma oleada que muchos podrían sentir tratando de buscar las palabras que decir por última vez.

Es que el teléfono en esta cabina es especial, no está conectado a un poste ni a un cable telefónico. Su creador dice que, como sus pensamientos no podían ser retransmitidos por una línea tradicional, él quería que fueran llevados por el viento.

Itaru Sasaki compró e instaló la cabina tras la muerte de su primo con el propósito de hablar con él. Una forma muy ingeniosa de superar o, tal vez, enfrentar su dolor. Un año después de instalar la cabina, en marzo de 2011, ocurrió el terremoto y subsiguiente tsunami en Japón, que dejó más de 19000 muertos y 2.500 desaparecidos. Otsuchi fue uno de los lugares más afectados, quedó semidestruido. Murieron 861 personas y 421 fueron declaradas desaparecidas.

Después de esto, Itaru abrió las puertas de su “teléfono del viento” para que cualquier persona pudiera comunicarse con sus familiares o conocidos, muertos o desaparecidos. Fue así como la mujer de 60 años, Kikue Hirano empezó a ir a la cabina para llamar a su casa (acto que en realidad toma lugar pues marca el número de teléfono de su casa a sabiendas que el teléfono no está conectado y que su casa ya no existe) e intentar hablar con su esposo, quien murió en el terremoto.

Como ella, muchas más personas de Otsuchi y otros lugares de Japón (y recientemente del mundo entero) visitan la cabina. Las razones las tendrá y las interpretará cada uno: intentar escuchar o hablar por última vez con ese ser querido, decirle algo que no alcanzaron a decir, reproches, perdones.

La japonesa es una cultura particular, y esta cabina es muestra de ello. Pero quizá, por ser la muerte universal, no caerían mal varias de estas cabinas en varias partes del mundo

* NHK hizo un documental al respecto que pueden ver acá
** Foto por Mikinee

 

2 comentarios en “Hablando con los muertos

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