Mi guerra contra los Gnomos

Mi guerra contra los gnomos comenzó hace más o menos un año y medio, y desde ese momento no ha dado tregua. En aquel momento descubrí y constaté que son seres inescrupulosos y que están dispuestos a todo para lograr sus objetivos. Hoy en día mi percepción no ha cambiado y por el contrario cada vez me he vuelto más radical en la búsqueda y comprensión de esta abominación. Desde el momento en que fui consciente de su presencia entre nosotros, me obsesioné y por supuesto también les declaré la guerra de manera abierta; era una cuestión de supervivencia… se trataba de matar o morir.

Mi primer encuentro con los gnomos quedó tatuado para siempre en mi cabeza; no quisiera decir que lo que pasó me generó un trauma psicológico, pero tampoco quisiera minimizar su impacto sobre mi persona, ya que fue a todas luces perturbador. A raíz de eso, tomé la decisión de prepararme para el combate y he aquí, ante ustedes, este breve relato que resume buena parte de mi agónica pero heroica lucha. La historia comienza así.

  • Martes, 7:00 a.m. Sistema de trasporte masivo. Bogotá.
    De camino a la oficina y en el tumulto del puente peatonal de ingreso al sistema de transporte, caminaba en la completa estrechez e histeria de los unos contra los otros por obtener un lugar con un mínimo de dignidad dentro del bus articulado. De repente, subiendo las escaleras, y cuando todo transcurría dentro de lo normal, tuve la mala suerte de tocar sutilmente con las puntas de mis zapatos, los talones de quien estaba delante de mí. Lo siguiente que sucedió, además de romper mi autoestima, me dejó por decir lo menos, aterrorizado, ya que de la nada y en milésimas de segundo, como si se tratara de un ninja, alguien o ‘algo’ que no sobrepasaba el metro cincuenta de estatura, sacó no supe donde un golpe seco durísimo y me lo puso precisamente entre el final del esternón y la boca del estómago, lo que me dejó en estado de shock, viendo estrellas y apenas pudiendo respirar. Lo siguiente que recuerdo de esa criatura, fue ver como se escabullía entre la multitud con una rapidez abrumadora.

No hubo una disculpa, ni un “lo siento mucho” y mucho menos un “perdóname”: lo único que recuerdo de ese momento fue la mirada fugaz de aquél ser, fría y desalmada, amenazante y retadora… miré para los cielos y suspiré, ese golpe me había dejado vacío, sin alma: había tenido mi primer encuentro con los gnomos.

  • Viernes, 4:45 p.m. (semana siguiente). Sistema de transporte masivo. Bogotá.
    No había dejado de pensar ni un solo minuto en estas criaturas; su escaso tamaño y gran velocidad, su mirada penetrante, sus ojos saltones, su cara arrugada, sólo me generaban una serie de interrogantes sin respuesta: ¿de dónde salían y hacia dónde iban?; ¿por qué sólo los encontraba en el trasporte masivo?; ¿acaso vivián allí? Confieso que en algún momento de aquellos de profunda demencia, llegué a preguntarme con temor si harían parte de algún tipo de raza alienígena preparándose para colonizarlos…

Tenía mi cabeza revuelta, mi rendimiento laboral decreció notoriamente ya que dediqué mi tiempo a buscar por Internet información que me permitiera empezar a descubrir sus puntos débiles, a encontrar cuál era su kriptonita, de qué se alimentaban, cómo dormían, si tendrían sexo o serían asexuados… confieso que hasta llegué a pensar en cuál era su modo de reproducción.

Pasadas varias semanas de un estudio etnográfico detallado, finalmente pude sacar tres conclusiones preliminares, que sin embargo y a mi juicio, eran bastantes contundentes: en primer lugar, constaté que estos seres eran un maldito ejército que se encontraba disperso por toda la ciudad. Hablábamos de cientos de miles. En segundo lugar, pude comprobar una intuición pasada y evidenciar que los gnomos no sólo utilizan el transporte masivo, sino que de hecho viven en ¡él!. Y aunque esta hipótesis es un tanto apresurada y no tengo suficientes argumentos para defenderla, estoy seguro que pronto podré informarles a todos ustedes las coordenadas precisas de las madrigueras por dónde estos bichos aparecen y desaparecen. Finalmente, para mi sorpresa, y después de horas y horas de abnegada observación de este entorno complejo que es la ciudad, pude sacar mi tercera conclusión: no existen los gnomos, en nuestro mundo sólo hay GNOMAS.

En efecto estas singulares criaturas, además de tener todas un mínimo de 65 años, hacen parte del sexo femenino, factor que sin lugar a dudas las vuelve más beligerantes, pero ante todo un enemigo honorable. Tengan cuidado y estén atentos, si van montados en un transmi y ven a una cuchita enana, con el pelo tinturado y una raíz que mide kilómetros; bajita y arrugada, de seguro con prótesis dental, y que muy posiblemente aparenta fragilidad, les pido como amigo que huyan despavoridos; en realidad son fuertes, ágiles y despiadadas, un cóctel molotov listo para explotar.

  • Miércoles, 11:20 a.m. Lugar de trabajo. Bogotá.
    El segundo encuentro de esta aventura se convirtió para mí en una epifanía, ya que de repente se presentó ante mí, en mi propio sitio de trabajo, como si se tratara de una persecución conspirativa, la Gran Gnoma de sombrero blanco y pelo oscuro, de piel curtida y dientes verdosos, con tres mochilas terciadas y un morral a sus espaldas.

Fije mi mirada momentáneamente en sus dientes verdosos y corroídos, pero en el instante en el que hice contacto visual, me centré una vez más en su mirada hipnótica, ficticia y ambivalente. Me sacudí, quería tener control sobre mí propio ser, no podía creer lo que mis ojos estaban viendo: era una Gnoma encubierta vistiendo un atuendo de monja. Que sanguijuela pensé, ¡cómo se atreve a suplantar a una hermanita de la caridad!, qué comportamiento tan deplorable. Por fortuna la infame siguió su camino, no sin antes mirarme de reojo y enviarme un sutil beso, que por supuesto esquivé en el acto sobándome con fuerza la mejilla para que no quedara el menor rastro… juemadre vida pensé… empezaron a hacerme bullying… y ahí sí toda mi locura se desató.

Gnoma
Autor: Julián David Gómez Zapata. Técnica: Esfero de tinta negra sobre papel

En un último intento de comprensión de esta dura experiencia, quise analizar sus rasgos psicológicos, pero la verdad es que adentrarme en su mundo me daba pavor. Desistí de esa idea. Lo que nunca pude alejar de mi mente fue mi odio visceral hacia ellas. ¡A la mierda el cuento de los gnomos buena onda!; que no me metan más los dedos a la boca con estas criaturas barbuchas y bonachonas, enanas, sonrientes, de gorros en forma de cono y sonrisa high definition.

He decidido lanzar una cruzada en contra de las gnomas; tal vez sea muy pronto para pensar en su modo de exterminio, y por el momento sólo dedique mi tiempo y recursos económicos a su tipificación y análisis científico. Les pido a todos ustedes, amigos y conocidos, que juntos construyamos la lista del top 10 de los gnomos más buscados en el transporte masivo. Sólo unidos podremos contra ellos.

Sígueme con el hashtag, #MiGuerraContraLosGnomos.

*Imagen destacada de Mashe Carrasco Alvarez. Técnica: crayola

Un comentario en “Mi guerra contra los Gnomos

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