Fluye como el agua

Las vacaciones son cortas, los fines de semana terminan muy pronto, los lunes, septiembre y enero son siempre cuesta arriba y los jueves por la tarde estallamos de felicidad sintiendo cómo tocamos el fin de la rutina con las yemas de los dedos.

Tenemos “tiempo que matar” y, a la vez, “no nos da la vida” para hacer todo aquello que deseamos/debemos hacer. “Falta una eternidad” y “todo pasa tan rápido que asusta” son frases que podemos intercambiar en la misma conversación compartiendo café.

El tiempo es lo que es pero, sobre todo, es lo que percibimos de él. Los días de todos los habitantes del planeta tienen 24 horas, pero como bien se encargó de recordarnos aquella célebre novela de Thomas Mann, el tiempo es una línea continua que tiene infinidad de ritmos.

8 horas de oficina no se perciben igual que 8 horas trabajando al aire libre, igual que un día de lluvia, sofá y manta no tiene nada que ver con una jornada de viaje en la que desayunamos en casa y cenamos a muchísimos kilómetros de nuestro hogar con los nuevos mejores amigos del mundo que conocimos hace apenas unas horas haciendo la cola del tren en un país que visitamos por primera vez.

Se han empleado infinidad de cuerdas vocales, litros de tinta e ingentes cantidades de imaginación a lo largo de los siglos tratando de explicar qué es la vida, el tiempo y nuestra misión mientras estamos aquí.

Quien más, quien menos, se ha formulado alguna vez qué hay después del día a día en que, en el mejor de los casos, podrás convivir con alguien que soportes recíprocamente, pagues un suelo que pisar, des vida a los que nos sucedan, tengas unas vacaciones de tanto en cuanto y llegues a una avanzada edad (si se te concede tal privilegio, el de que pasen los años por ti sin llevarte al cielo demasiado pronto) con espíritu vivaracho y una pensión y salud que gastar.

Nadie llega al mundo con recetas para vivir. Aunque haya quien intente hacer creer lo contrario, éstas recetas tampoco están a la venta; cada cuál es responsable de labrarse su propia fórmula para no perder (demasiado) el norte en su paseo por aquí. Hay quien pone en práctica el método “prueba – error”, el “soy así y nada podrá cambiarme a estas alturas”, el “lo bueno de verdad vendrá después” y, así, tantas prescripciones como almas habitan la Tierra.

Sin embargo, al margen del caos y la confusión, de lo eterno y lo fugaz, del artificio y lo genuino, hay una valiosa herramienta que ayuda a poner en su justa perspectiva todo aquello que acontece, nos conmueve y rodea, y es la certeza de que, venga lo que venga después, el hecho de despertarnos y tener un nuevo día por delante, lleno de posibilidades, es un regalo de incalculable valor que algo/alguien ha decidido regalarnos.

Soltar el “no”, “hasta luego” o “te quiero” que guardabas desde hacía tanto, proponer a alguien ese maravilloso proyecto que custodiabas en un cajón, un año sabático, pedir perdón, cocinar, despojarse del ego, limpiar tu casa, aprender eso que siempre dices que quieres pero nunca mueves un dedo por hacer realidad o comprar esos billetes de avión son sólo algunas de las posibilidades infinitas que te ofrece el nuevo alba.

El tiempo no es oro ni un desperdicio. El tiempo es para hacer con él lo que tú decidas. Encuentra aquello que te haga olvidar la existencia de los relojes e inunda tu vida de sentido. Deja de sentir urgencia y expectación, y quédate en el presente que te hace fluir y sentir que estás precisamente donde quieres.

Fluye, amigo, fluye como el agua, y sal y entra de la rutina cuando tú decidas.

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Nueva Zelanda

NOTA: Ezin izango dugu inoiz merezitako eskerrak eman bizitza eta hau gozatzeko tresnak, izaera eta pentsakera guri oparitzeagatik. Eskerrik asko zure esentzia zabaltzeagatik. Eskerrik asko egun eta bizituko une bakoitza opari zoragarri bat baino ez dela gogorazteagatik. Eskerrik asko atzo, orain eta beti gurekin egoteagatik. Zoriontsu gu zu gure aita izateagatik. Inoiz esan edo idatzi ahal izango dugun baino izugarri gehiago maite zaitugu. Hoberena eta bakarra unibertsoan, AITA (* Nunca podremos agradecerte lo suficiente el habernos dado la vida así como las herramientas, filosofía y manera de ser para vivirla. Gracias por expandir tu esencia allá donde fueras. Gracias por recordarnos que cada día y momentos vividos no son más que un divino y fabuloso regalo. Gracias por estar ayer, ahora y siempre con nosotros. Felices y dichosos nosotros por ser nuestro padre. Te queremos infinitamente más de lo que nunca seremos capaces de decir o escribir. El mejor. Único. AITA)

Por Ane Eizaguirre Aguirre. Lee más de sus historias en www.slowspotting.com.

 

 

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